miércoles, 26 de marzo de 2008

TAXI TOUR

Me siento estos días como un taxista marroquí en la puerta de un hotel de Chaouen esperando a los turistas para llevarlos a Ketama y adentrarme en el Rift a través de las plantaciones de cáñamo. También pudiera ser un taxista tunecino ofreciendome a los occidentales para hacer un inolvidable tour por Cartago y Sidi Bu Said. O uno de esos lobos de mar con gorrita de capitán Cousteau, que en el Algarve se alquilan para navegar entre acantilados y grutas con formas caprichosas, o uno de los que se prestan en Tarifa a llevarte a divisar cetáceos, con nombres tan obvios como Haddock travels o Moby Dick adventure. Podría ser un gondolero en Venecia, con una de esas mantas paduanas sobre mis asientos o un cochero en Manhattan, con mi sombrero de copa y mi fusta impoluta y dos caballos, no de motor, sino dos blancos percherones. Quizás un burrero en Mijas o el conductor del interrail en Springfield....
-¿ Cuánto cuesta hacer una ruta para ver los cerezos en flor ?
-Tenemos taxímetro, pero si quieren hacerse una idea alrededor de 100 euros, cuatro personas máximo.
-Le damos sesenta...
Y cuento hasta diez y respiro hondo e intento a petición de la concejala de turismo ser amable y me acuerdo de Abdalah, de Luis, de Piero y pienso en porqué les regatee y en el boomerang de la vida y en la madre que lo parió.

viernes, 21 de marzo de 2008

EL CORONEL TAPIOCA

¿ Porqué los turistas vienen ataviados a Extremadura como si tuviesen que pasar un arroyo infinito o sobrevivir arropados entre helechos ?. Ya sé que etimológicamente el nombre de esta tierra no ayuda mucho, pero por muy hostil que fuese, sobrarían las chirucas de clavos de goma, los stick-walking ( más conocidos por estas latitudes como las varinas de andal), los polares enterizos y las brújulas de pulsera.
Les gusta perderse adrede, apoyan sus planos sobre el capó de un taxi y por no preguntar al chófer, trazan diagonales imposibles que enlazan puntos que no existen. Miran hacia el cielo, no en busca de las cigüeñas ni de los buitres, miran, tonton en mano, buscando un satélite para el gps en el que previamente en el atasco de Navalcarnero marcaron los lugares de interés.
Safaris fotográficos por calles empedradas con rollos, procesiones sobrias y lúgubres, muy castellanas, nada de vivas ni de lágrimas, más bien de me voy que ya me han visto.
Con las tarjetas de memoria repletas de píxeles, llega el descanso del guerrero, vino de pitarra y torta del Casar servido en cuencos de barro, qué lejos está Madrid en ese momento.
raul rodriguez el parabrisas pretende ser una ventana al mundo de un viajero fugaz,de alguien que esta en muchos sitios durante muy poco tiempo,alguien que se nutre tan solo de pequeños retales de conversacion,de pequeñisimos fragmentos de la vida de la gente,que en conjunto pueden mostrar una particular idea del mundo