sábado, 30 de agosto de 2008

IMAGINARIO DE CAI





De tod@s es zabido, ya, que la gente de Cai nase ande le sale de los cohoné. Ehte eh el cazo de mi colega Fernando, cosinero de profezión y ezcultor de vocazión. Ehte imaginario zegún Fernando de lo que zon zu zentimiento cuando eztá allá abajo. Agudo , alegre y cashondo, zabe disfruta de las cozas buenas y con una imaginasión dehmezurada zaca punta a la vida como un afilaó.
El motivo de zu primera muehtra en Cai, creo que no eh otro que el de encontrá una ezcuza mah pa bajá pa bajo y ez que a ehte marinero en tierra, la luh de Cai le ilumina la mah tenebroza de la ozcurida, la de zentirze de un zitio y habitá en otro.
( si os gusta alguna pieza podeis poneros en contacto conmigo en el_parabrisas@yahoo.es)


























martes, 26 de agosto de 2008

BARRIO

Recorro algunos barrios de la periferia muy despacio. La ventanilla bajada, los ojos ahumados, saben que les miro, creen que trabajo. Bidones con hogueras, bombonas de cerveza, corrillos, cante, mucho cante. Niñas madres, padres ausentes, buzones quemados. Chatarra oxidada, ladrillos por ruedas. Hip hop de mercadillo, organillos, ladridos sin pedigrí. Colegas en el coche, motores en marcha, bolsas de lidocaina. Señales mudas, farolas ciegas, papeleras mancas, bancos cojos, coches tuertos. Los hombres de negro, los no direction home, las coletas kinkis, los chandal de carrefour, los complete unknown. Ocupas, portales sin número, calles sin nombre, pisos sin letras. Gente buena y gente mala, como en el centro. Hasta aquí llegan los taxis, no más adentro.

Me encanta recorrer, y hasta hoy jamás tuve ningún problema, uno de esos barrios que están más allá de la última parada del autobus; esos barrios en los que estar libre es poesía y estar ocupado, una movida.

lunes, 18 de agosto de 2008

SUSPENSO EXPRES

La autoalumna, se encomendó a San Cristóbal, cuando el examinador le dijo aparque usted antes de nada. El acelerador comenzó a rugir y el embrague, pisado a fondo, se quemaba al aroma del ferodo. Las caras de examinador (o ingeniero que dirían los sexagenarios) y profesor ya estaban desencajadas cuando la autoalumna soltó lastre de súbito y fue a estrellarse a escasos paragolpes de la parada de taxis. Manos en la cabeza, llantina, y la indigna petición de una segunda oportunidad, a lo Paco Costas, fueron las reacciones de la examinada. Agobio y relleno de parte amistoso, la del profesor, y una acojonante autosuficiencia y satisfacción por el exceso de vista y calado, la del examinador.
raul rodriguez el parabrisas pretende ser una ventana al mundo de un viajero fugaz,de alguien que esta en muchos sitios durante muy poco tiempo,alguien que se nutre tan solo de pequeños retales de conversacion,de pequeñisimos fragmentos de la vida de la gente,que en conjunto pueden mostrar una particular idea del mundo