miércoles, 18 de julio de 2007

CLONES Y CAÑAS




Hace bastante calor en Madrid. Entro a tomar un refrigerio en el café Puerta del Sol, en la calle de Carretas. Una chica apura un pincho de tortilla y una caña, yo pido una sin bien fría. El camarero, parco en palabras, me sirve. De pronto, un grupo de unas ocho personas entra en el bar; el camarero desaparece detrás de la barra durante unos segundos y como por arte de magia, se clona a si mismo, se desdobla, pudiendo así atender con mayor celeridad. El clón es perfecto, valga la redundancia, las camisas salmón, los pantalones negros, el rostro, la actitud, todo. La chica, y yo que ya alucinábamos, no pudo resistirse y preguntó, atragantada con el último sorbo:
-¿ sois dos, verdad?
Los camareros se han sonreído, y uno ha asentido levemente con la cabeza.

¿ qué pasaría si entrase en el bar, una excursión de cuarenta personas?

¿cuántos camareros clones, pueden salir de esa barra?

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raul rodriguez el parabrisas pretende ser una ventana al mundo de un viajero fugaz,de alguien que esta en muchos sitios durante muy poco tiempo,alguien que se nutre tan solo de pequeños retales de conversacion,de pequeñisimos fragmentos de la vida de la gente,que en conjunto pueden mostrar una particular idea del mundo
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