
Recojo a una mujer en negro, con el cabello recién teñido en oro - no habría que llevar luto también en el pelo - pienso al verla. Me saluda atentamente y me indica el destino:
- al ayuntamiento, por favor, pero antes hay que recoger a otra persona en la puerta de la universidad.
Arranco hacía la primera parada, cuando la mujer me cuenta a bote pronto, el motivo del uso del taxi:
- Es que me caso ahora mismo, sabes. Voy de negro eso sí, por mi padre que se ha muerto.
En este momento empiezo a tartamudear para ganar tiempo en la búsqueda de la respuesta correcta. ¿ debo darle la enhorabuena por el enlace, o sentir el deceso ?. Opto por congratular el evento que me atañe, y pasar por alto el ya pasado.
Nos acercamos al complejo universitario y la novia negra me regala más explicaciones:
- vamos a recoger al novio, está aquí trabajando.
Veo un grupo de obreros que están seccionando el suelo con una radial. Uno de ellos, al ver el taxi, se despoja del peto fosforito, como el suplente al saltar al estadio, y corre al encuentro de su marca, aquel al que tendrá que pegarse como una lapa, durante el resto del partido.
Se besan, se besan. Llegamos. Me pagan.
Mal día ha sido el que has tenido hoy con el taxi, a mi si me llevas en tu taxi que no sea de la manera que esa novia.He observado que los taxistas son personas al minuto, todo lo andan, lo hablan, lo comentan y llegan al final del trayecto,siempre al minuto del taximetro.
ResponderEliminarGracias por felicitarme por mis bodas.
Ah desde luego tienes el permiso de entrar en mi blos, aunque no es necesario darlo a los amigos como tu.
Un saludo y suerte.
al viajero se le ofrece reflexionar, crear vínculos con la ciudad, con el entorno..en tu caso el que conduce al huesped se relaciona con él. Dibujas muy bien nuestra vida cotidiana.
ResponderEliminarsaludos